viernes, 24 de febrero de 2017



Pulir el espectáculo



         Dos mundos bajo un mismo sol’, es un espectáculo cargado de buenas intenciones; pero al contrario de la cantinela escuchada durante mi infancia de que ‘con la intención es suficiente’, en el mundo del espectáculo, las buenas intenciones requieren de una puesta escénica que sobrepase esta designación primaria. Ya se pueden imaginar lo que viene a continuación. Sí, es en la materialización, en el engranaje de todos los elementos,  puesta escénica e incluso en ciertos aspectos sonoros, donde este Pseudo-musical Rock, no acaba de asumir total rotundidad.
 




         La verdad es que contiene suficientes elementos para seducirnos. Una historia con un leitmotiv, o trama narrativa, que aboga por la calamidad del ser humano, una música metal que acentúa esa visión más catastrofista -por cierto creo que es la que inconscientemente conduce a la selección del final-, un importante componente musical y dos actores en escena intermitente y, para más inri, varios finales posibles para lo cual, se requiere la deliberación y votación, a través de una app, del propio público –Esclavitud, exterminio o salvación- en un breve descanso previo al desenlace final.







         La contrariedad radica en el ensamblaje de todo ello, pues se asemeja más a un collage que a un espectáculo suficientemente hilvanado. La conexión entre música –perfecta en la base rítmica aunque poco imaginativa en guitarra y teclados-, audiovisual, luminotecnia –aprobado alto- y escena –floja y poco convincente interpretación de Mariam Vallori y Manel Crespí-, requiere mayor conexión.



         No es una mala propuesta, sino todo lo contrario, pero para sobrepasar la frontera del entretenimiento y optar a un circuito más amplio y no pasar desapercibido, imagino que al fin y al cabo es lo que se pretende tras tanto esfuerzo, hay que pulir considerablemente el montaje.

Hyde XXI. Dos mundos bajo un mismo sol. Teatre de Lloseta, 11 de febrero de 2017.

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