viernes, 31 de marzo de 2017



Revitalizando el jazz
 
         Mucho antes de que el Travelling School, proyecto personal y referente ineludible en el ámbito  formativo del jazz en la isla de esta última década, Jimmy Weinstein ya había apostado por esa perspectiva musical contemporánea que le caracteriza. Un cuarto de siglo experimentando y exprimiendo, no sólo sus propias creaciones, sino también la revisión de algunos clásicos como “Inner Urge” de Henderson, “How Deep Is The Ocean”, de Berling o el “Relaxin’ at Camarillo” Parker. Una condición que marca ese carácter sorpresivo, al que he aludido en ciertas ocasiones, y constituye el elemento más revitalizador del género. Y para ello, es necesario conseguir una formación equilibrada, musicalmente madura, con muchas cosas que decir y que a su vez persiga el mismo propósito.






A todas luces el baterista y compositor ha conseguido rodearse de estos músicos que configuran, con cierta estabilidad, el quinteto con el que últimamente viene presentándose en los escenarios isleños; en esta ocasión, el del Novo Café Lisboa.
En un auténtico ambiente de club y por ello en ocasiones excesivamente ruidoso –es el precio de un espacio pequeño y mucha gente deseosa de disfrutar de la velada-, el quinteto dio rienda suelta a esa creatividad, inherente a la improvisación, que marcó el ritmo de la velada dirigida desde las baquetas por este auténtico timonel que más cómodo se encuentra cuanto más acertadas resultan las intervenciones del resto de los componentes. Y aunque no constituya una novedad, no sería de recibo obviar el extraordinario trabajo de Toni Miranda y Thomas Fontin; el de Lilly Santon, cuyo registro vocal tiñe de forma especial las interpretaciones, o el de Joan Garcias que va ganando solidez de forma significativa.





Un ciclo este The Jazz & Wine Club que, sin duda seguirá proporcionándonos agradables sorpresas la noche de los jueves.

Jimmy Weistein “5”. Novo Café Lisboa, 16 de marzo de 2017.

miércoles, 29 de marzo de 2017



Cantar a Villangómez
 
         Era en su segundo álbum, En aquesta illa tan pobra (Edigsa, 1976), en el que junto a la recuperación del folclore autóctono se dejaba ver ese aspecto crítico más humorístico y mordaz, cuando UC ponía sobre un vinilo por primera vez la lírica de Marià Villangómez: ‘Lluna pagesa’. Desde entonces el literato y traductor ha acompañado a la propuesta más popular del grupo, llegando al punto más álgido con la edición, veinte años después, de  Entre la mar i el vent (Blau, DiscMedi), producción dedicada íntegramente al poeta y a su trabajo como traductor.


         Esa misma idea, la de recuperar el protagonismo y la importancia de Villangómez dedicándole por completo su repertorio, es la que,  cuando está a punto de cumplirse los quince años de su muerte –será el próximo 12 de mayo-, parece haber motivado la más reciente puesta escénica de UC. Una propuesta que deja un tanto al margen las tan recordadas y presentes canciones tradicionales, que no el aspecto más popular de la música, pues es éste el que intrínsecamente impregna sus canciones, con la que Joan Marí ‘Mureno’ y Victorí Planells, nos ofrecieron un destacado, amplio y variado recorrido por la obra del poeta -para muchos considerado como el escritor del paisaje-.


Durante algo más de una hora, en un Espai Xocolat totalmente repleto como reflejo la gran estima que se les tiene, y con la justa instrumentación para acariciar la belleza de los textos, canciones, algunas ya grabadas con anterioridad como “Formentera”, “Farigola i romanins”, “Sense tu”, “El combat” o “Entre la mar i el vent” y otras nuevas creaciones que esperemos puedan formar parte de una futura entrega, fueron recorriendo ese ideario poético que abarcó desde el primer libro del escritor hasta prácticamente el final de su obra. Una velada emotiva, pero también de reconocimiento a una obra que no debería de caer en el olvido.



UC. Espai Xocolat, 10 de marzo de 2017.


 El regreso de ‘Apache’



         Con frecuencia, el capricho ocasional, es el que acaba determinando el cómo, dónde y cuándo. Precisamente la coyuntura del ciclo Piano Mar, que viene celebrándose en la sala Magna del Real Club Náutico de Palma, ha querido que éste se convirtiera en el escenario del regreso de ‘Apache’, recuperando, Isis Montero, un proyecto de cabecera que, a buen seguro, no había dejado nunca de latir de forma definitiva y que ahora renace como su proyecto más ambicioso, renovado y con una fuerza tremenda, aunque las características de ese enclave –repleto hasta los topes, por cierto-, no fueran las más apropiadas para tal contingente musical, ni derroche de energía.
 



         ‘Canela en rama’, así titula la propuesta, intenta ser la simbiosis de ‘lo mejor de lo mejor’: unir latinidad y negritud con la esencia del flamenco. Un arduo trabajo que gracias tanto a la propia creatividad, experiencia y sensibilidad de Isis, como a las cuantiosas y extraordinarias aportaciones, expresamente seleccionadas para la ocasión, acabó convirtiéndose en una velada de ensueño, de música y ritmo trepidante, y que si de algo adoleció, fue de una mayor cohesión entre los palos flamencos y el latin jazz. Algo que a buen seguro, y por poco que siga girando, mejorará su engranaje.





         También le faltaron minutos, es cierto, el corsé del reloj no perdonó, y parte de la magia –que mucha se había vertido ya sobre el escenario- se quedó en la chistera; pero tampoco era necesario convocar de golpe a todas esas ideas que constituyen su proyecto más personal y que circulan por su mente desde hace tiempo.
         Hace años que el añorado Gato Pérez cantaba a ritmo de rumba: ‘gitanitos y morenos son los ases del compás’. Y esta noche en el Náutico, con la reentré de Isis ‘Apache’ Montero, entre sones, seguidillas, rumbas y mucho jazz, pudimos reafirmarlo.





Isis ‘Apache’ Montero. Ciclo Piano Mar. Sala Magna del RCNP, 3 de marzo de 2017.

viernes, 24 de febrero de 2017



Pulir el espectáculo



         Dos mundos bajo un mismo sol’, es un espectáculo cargado de buenas intenciones; pero al contrario de la cantinela escuchada durante mi infancia de que ‘con la intención es suficiente’, en el mundo del espectáculo, las buenas intenciones requieren de una puesta escénica que sobrepase esta designación primaria. Ya se pueden imaginar lo que viene a continuación. Sí, es en la materialización, en el engranaje de todos los elementos,  puesta escénica e incluso en ciertos aspectos sonoros, donde este Pseudo-musical Rock, no acaba de asumir total rotundidad.
 




         La verdad es que contiene suficientes elementos para seducirnos. Una historia con un leitmotiv, o trama narrativa, que aboga por la calamidad del ser humano, una música metal que acentúa esa visión más catastrofista -por cierto creo que es la que inconscientemente conduce a la selección del final-, un importante componente musical y dos actores en escena intermitente y, para más inri, varios finales posibles para lo cual, se requiere la deliberación y votación, a través de una app, del propio público –Esclavitud, exterminio o salvación- en un breve descanso previo al desenlace final.







         La contrariedad radica en el ensamblaje de todo ello, pues se asemeja más a un collage que a un espectáculo suficientemente hilvanado. La conexión entre música –perfecta en la base rítmica aunque poco imaginativa en guitarra y teclados-, audiovisual, luminotecnia –aprobado alto- y escena –floja y poco convincente interpretación de Mariam Vallori y Manel Crespí-, requiere mayor conexión.



         No es una mala propuesta, sino todo lo contrario, pero para sobrepasar la frontera del entretenimiento y optar a un circuito más amplio y no pasar desapercibido, imagino que al fin y al cabo es lo que se pretende tras tanto esfuerzo, hay que pulir considerablemente el montaje.

Hyde XXI. Dos mundos bajo un mismo sol. Teatre de Lloseta, 11 de febrero de 2017.

miércoles, 15 de febrero de 2017



Jazz en su esencia



         El trío, puede ser el formato preferido para pianistas. El cuarteto para solistas apoyando su discurso sobre una sección rítmica. Ahora bien, el quinteto constituye la estructura idónea para un jazz que dé rienda suelta a la improvisación y consecuentemente al desarrollo de la libre imaginación de sus integrantes; esencialmente con dos artilleros al frente, en primera línea de fuego, batiéndose el cobre. Es entonces cuando cada uno de los vientos, saxo y trompeta por lo general, aunque no exclusivamente, se hace más grande cuanto mejor es su compañero.







Sé que no descubro gran cosa pero hay que tenerlo presente al hablar de esta formación, creo que lamentablemente efímera, presentada como Pere Navarro & Xavi Maureta Quintet que une a dos generaciones distintas de músicos; la experiencia consolidada del batería catalán –por cierto en una de las mejores intervenciones que le haya escuchado en nuestros escenarios últimamente- y a un trompetista, joven aún, que se está afianzando como una de las importantes realidades del momento.



Pero, sin obviar las estupendas intervenciones del guitarrista Omar Lanuti, volvamos el tema de los artilleros. Navarro, sin escamotear ningún tipo de recursos, tuvo que apurar lo mejor de sí mismo -y lo hizo créanme-, para lidiar con un saxofonista como Thomas Fontin que, cuando libera ese ‘colosus’ que lleva en su interior –es entonces cuando asume su máximo riesgo-, resulta sencillamente arrollador.






Con la proximidad que ofrece una local de reducidas dimensiones e invocando las excelsas rúbricas de Hancock, Henderson, Davis o Dameron, como “Maiden Voyage”, “Recorda-me”, Impressions”, “Solar”, “Bye bye Blackbird” o “Lady Bird”, nos ofrecieron un auténtico recital de lo que es el jazz en su esencia. Impresionante toma y daca, que colmó las previsiones de los más exigentes.  



Pere Navarro & Xavi Maureta Quintet. Novo Café Lisboa, 10 de febrero de 2017.