domingo, 8 de julio de 2012


Engullida por la emotividad

Será, como ella misma se encarga de reconocer, que los escenarios isleños la ponen más nerviosa que los neoyorquinos o por cualquier otro motivo; pero en todo caso, nunca he visto a Concha Buika cómoda cantándole al público que la ha visto crecer artísticamente. Tampoco ahora, que parece encontrarse en un buen momento profesional paseando su popularidad por los distintos festivales tanto nacionales como internacionales. 


Por tanto, en Sa Graduada de Muro, nos volvimos a encontrar con más de lo mismo. Esa excesiva atención, esa desmesurada dedicación a sus familiares y amigos que llama ‘tribu’ y llenaban parte de las primera filas de asientos, no juega en pro de la normalidad, o de lo que debería ser más lógico.
No es que Concha se olvide de esa otra ‘tribu’ que la va a escuchar -que por cierto a duras penas llegó a los trescientos asistentes-, sino que esa emotividad personal y privada –que aprovecha para airear- acaba engulléndose el concierto.


En lo musical, Buida inició la velada con veinte minutos de retraso y de la misma manera que la terminó hora y media después, acompañada únicamente por el pianista cubano Ivan ‘Melón’ Lewis, muy acertado sobre todo en los registros más latinos. Toni Cuenca al bajo y Ramón Porrina al cajón se apuntarían también a ese recorrido amplio en cuanto a su trayectoria y ecléctico en lo musical interpretado, incluso a veces, con corrección. Aunque acaba siendo más recomendable escucharlo enlatado en los bits del compacto; porque la cantante gana, sin duda, con la producción, contención y neutralidad emocional del estudio.



CONCHA BUIKA. Sa Graduada. Muro, 5 de julio de 2012 


La mezcla cultural de Ana Alcaide

         Sólo muy de vez en cuando, se nos brinda la oportunidad de descubrir una voz, un talento, una forma de expresar los sentimientos, tan pura y delicada. Tengo que reconocer que, antes de ahora, poco sabía y conocía de la cantante y compositora toledana Ana Alcaide, y en cambio tras escuchar repetidas veces este nuevo trabajo –resulta tan hechizante que es imposible no recurrir a él una y otra vez-, parece como si conociera su música desde siempre.
Será por ese magnetismo que nace en la mezcla de culturas, por esa forma de establecer un estrecho vínculo con la tradición desde el presente, por esa capacidad de proyectar un sinfín de cromatismos sonoros y atmósferas musicales al servicio de la sensibilidad extrema, por esa riqueza basada en la esencia de los instrumentos de cuerda como el salterio, violín, arpa, guitarra, laúd, Bouzouki, mandola o lyra que acompañan a la viola de teclas y que invitan al clarinete o el ney turco y a una interminable lista de instrumentos de percusión, a la búsqueda del timbre preciso.
Pero será también por esas canciones nuevas que presenta en su tercer trabajo, La cantiga del fuego, inspiradas en el romancero y cancionero antiguo que viajan por el legado común entre cristianos, judíos y musulmanes. Melodías sefardíes que tanto nos remiten a la antigua capital del Reino de Castilla como nos permiten y ofrecen un paseo por el mediterráneo.




Eladio Reinón a flor de piel.

No hay mejor música para dejar la sensibilidad a flor de piel que el bolero; sin duda el género musical más popular que aúna sin fronteras a todos los países Hispanoamericanos. Y es precisamente en esta clave en la que el saxofonista, clarinetista y compositor revisa toda una serie de baladas clásicas de jazz. Un paseo por el olimpo compositivo que vincula con harmoniosa latinidad.
Conocíamos ya esa formidable vertiente más latina de Eladio Reinón que había cobrado sus cotas más significativas con la Latin Big Band junto a Bebo Valdés en “Afrocuban jazz suite nº 1” o en “Canciones de amor latinas” con el Supercombo, sin olvidar, por supuesto el be bop que ha impregnado una suculenta carrera. Lo que ocurre es que en “A flor de piel”, el espíritu latino navega junto al bolero y la balada mostrándonos sin tapujos ni fisuras esa riqueza emotiva. Un aterciopelado marco idóneo para emocionarse con un sublime “Darn That Dream”, el celebérrimo “Body and Soul”, “Ask me Now” de Monk o “Every Time We Say Goodbye” de Porter, junto con joyas como “Mira que eres linda” o “Tres palabras”.
Un juego que rubrica en esa carta de presentación y auténtica declaración de intenciones con la que se abre el álbum introduciendo toda una serie de melodías conocidas de boleros en la balada “Someone to Watch Over Me” de Gershwin. Como les decía, la sensibilidad se toca, se palma a flor de piel.




Ahmad Jamal el decano del jazz


Dentro del nutrido activo compositivo del tándem formado entre el compositor Richard Rodgers y el letrista Lorenz Hart, “Blue Moon” materializa uno de sus éxitos más populares y representativos de todo el lirismo y elegancia que caracterizó a estos dos hacedores de canciones de Broadway. Una canción que precisamente recoge también todo el lirismo y elegancia que ha marcado la larga trayectoria profesional del octogenario pianista de Pittsburg –el próximo julio cumplirá los ochenta y dos- Ahmad Jamal y que continúa perfectamente en activo.
Un lirismo y elegancia que muchos cuestionaron al no circunscribirse en las estéticas jazzísticas del be bop de mediados del siglo pasado. Dos características afines al pianista y compositor que le han procurado una voz propia como pocas, y además inspiradoras para Miles Davis o John Coltrane. Tanto que hoy, le permiten establecer un puente de lujo, un diálogo perfectamente compensado y equilibrado entre la tradición y modernidad.
Y todo ello, elegancia, lirismo, tradición y modernidad es precisamente lo que transpira esta nueva aportación discográfica de Jamal que baraja standards con composiciones propias así como alguna referencia de Gillespie. Un álbum que lejos de mostrar el ocaso de un gran músico, identifica el tremendo acierto y exquisitez que sigue esgrimiendo incansablemente. Eso sí, sin gratuidad y siempre con la debida contención característica.



Esperanza Spalding capas de neo soul y jazz


    Las estéticas del jazz en el siglo XXI demuestran ser de lo más cosmopolitas. Criterio que la vocalista y bajista norteamericana ganadora del Premio Grammy a la Artista Revelación del pasado año Esperanza Spalding no sólo tiene perfectamente asumido, sino del que hace gala en su proyecto más reciente “Radio Music Society”. 

No se trata de urdir sonoridades complejas, arriesgar con ejercicios de filigrana contemporánea, ni álgebras en el pentagrama. No, todo radica en algo mucho más sencillo y que al final acaba siendo tan resultón como interesante. Tan sencillo, y complicado a la vez, como mezclar toda una serie de patrones procedentes de lo que podríamos determinar como neo soul, con el pop, funk y un jazz contemporáneo sin miedo a las concesiones auditivas. Desembocando todo ello en una propuesta, cuarta como líder tras “Juno”, “Esperanza” y “Chamber Music Society”, agradable, un álbum cálido, musicalmente interesante y para el que no se han escatimado recursos sonoros. Ya sólo el tratamiento musical de los dos únicos temas ajenos “I Can’t Help It” de Steve Wonder y “Endangered Species” de Wayne Shorter nos puede ofrecer una idea generalizada de lo que es capaz de rubricar con la decena restante.
Y si además quieren linajes de abolengo en la interpretación, apunten: Lionel Loueke, Joe Lovano, Jack DeJohnette o Billy Hart, entre una lista interminable de músicos.


jueves, 21 de junio de 2012


Sergio Pamies, hondura, latinidad y negritud


         Si algo caracteriza a la juventud jazzística de nuestro país es su sobrada preparación y experiencia. ¿Recuerdan el eslogan: “jóvenes pero sobradamente preparados”? Pues precisamente eso es lo que podemos encontrar, miremos donde miremos de nuestra piel de toro. Y el caso de Sergio Pamies, puede servir de ejemplo perfecto; pero es que además se le une un gran talento. Y es que este joven músico granadino que aún no ha cumplido los treinta, aúna hondura, latinidad y negritud en proporciones que dimensiona a voluntad con un resultado que excede la coherencia para transitar por la maestría.
         Borrachito segundo capítulo de una idea que inició con “Entre amigos” (2008) y que ya entonces obtuvo el reconocimiento como mejor proyecto del año por la revista especializada Jaç, constituye toda una alegoría de esa imbricación. Un álbum repleto de autenticidad y, como apuntaba, talento que, pese a presentar estos tres puntales musicales con cierta estanqueidad, refleja su gran momento creativo rubricando diez de los doce cortes –Monk y el tándem Strayhorn-Ellington firman los dos restantes- que conforman esta, su primera producción para el sello Bebyne, apostando por el jazz clásico, el contemporáneo, el bolero, la soleá, o la bulería, con gran virtuosismo y con una destacada formación e invitados de lujo como Antonio Serrano, Rubem Dantas, Diego Amador o el trompetista de New Orleans Christian Scott, entre otros.  


El Llorenç Santamaria más personal

                  Hacía mucho tiempo que Llorenç Santamaria no entraba en un estudio para ofrecernos una visión tan personal de lo que es y significa para él el mundo de la música. Y lo acaba de hacer desempolvándose, con respeto, de esos éxitos –léase “Para que no me olvides”, “Si tu fueras mi mujer” o “Bailemos”- que no dejan de pesar como una losa y sin los que muy probablemente no sería lo que es hoy en día, y a su vez recogiendo buena parte de todas aquellas músicas que le han ilusionado a lo largo de su vida.
         Pero dejando de lado a nostálgicos empedernidos -me consta que siguen reclamándole las susodichas canciones en los conciertos- y afrontando el nuevo trabajo sin contemplaciones y, sobre todo, sin perjuicios, nos encontraremos con un buen álbum en el que a pesar de su eclecticismo que pasa por la balada, alguna que otra ligereza o el country –compartiendo micrófono con Tomeu Penya-, prevalece el rock & roll, sin duda su mejor registro.
         Llorenç ha aprovechado ese acelerón en su actividad que le ha supuesto el musical “Cop de Rock”, para no bajar al ralentí y, reinventándose a sí mismo, seguir dando lo mejor. “Pell de gallina”, álbum realmente muy bien instrumentado es la evidencia de que aún hay cantante con poderío para largo, y si además reivindica el catalán para el rock, como podemos apreciar en todos los temas a excepción de “A love So Beautiful” de Roy Orbison y que singulariza la única autoría ajena, tanto mejor.